miércoles, 21 de junio de 2023

El trastorno de adaptación en niños y adolescentes

 El trastorno de adaptación es una respuesta poco adaptativa a un estresor. No hay un conjunto de fenómenos clínicos que definan el trastorno de adaptación, que sí suele deberse a un estresor definido, que no es catastrófico como ocurre en el síndrome de estrés postraumático, y los síntomas se suelen desarrollar entre uno y tres meses de exposición a dicho estresor, según lo define el ICD-10. 


Como hemos dicho, las manifestaciones clínicas pueden ser muy variadas: ansiedad, ánimo deprimido, incapacidad para manejar la situación actual, aparición de desórdenes de conducta, etc. No obstante, estas condiciones sólo pueden clasificarse como trastorno de adaptación por un tiempo limitado, unos 6 meses en la mayoría de los casos, teniendo que volver a ser evaluada la situación pasado este tiempo. La existencia de esta categoría diagnóstica tan difusa parece responder a la necesidad de reconocer que los niños y adolescentes pueden reaccionar de una manera desadaptativa a la adversidad durante un periodo de tiempo limitado. También es verdad que esta categoría sirve como “cajón desastre” para incluir todos aquellos casos que no encajan en otra categoría diagnóstica. Peter Hill, del Departamento de Medicina Psicológica del Hospital Infantil Great Ormond Street de Londres, en el capítulo correspondiente a este trastorno del libro Un Manual Clínico de Psiquiatría Infantil y del Adolescente, editado por Gillberg, Harrington y Steinhausen en al año 2006 y publicado por Cambridge University Press, hace un compendio de los sistemas clasificatorios ICD-10 y DSM-IV (prácticamente no varía su descripción en el DSM-V) para definir este trastorno:


Además de las manifestaciones clínicas ya comentadas, también se han encontrado otros comportamientos como el autoaislamiento, la evitación de ciertas situaciones, falta de  comunicación, irritabilidad y trastornos del sueño y del apetito. No obstante, lo más característico es el estado deprimido o una presentación ansioso-depresiva.

Es importante analizar las estrategias de afrontamiento que los niños y adolescentes utilizan ante los estresores que se les presentan, además de factores individuales de temperamento, desarrollo cognitivo, así como el entorno familiar, apoyos sociales y disponibilidad de recursos. Los niños pueden percibir que ante una amenaza, tienen siempre disponible la posibilidad de pedir ayuda o, por el contrario, percibir falta de control ante la situación por carecer de soporte. Estos suele venir determinado por lo que les ha sucedido en experiencias previas y si han recibido apoyo o no. El estilo parental, por tanto es un factor importante. Un estilo parental que promueve la independencia y permite la expresión de los sentimiento hace que los niños tiendan más a utilizar el apoyo familiar y social para resolver una situación. Tenemos individuos resilientes, que son capaces de lograr un buen ajuste a pesar de estar sometidos a altos niveles de estrés, gracias a que recibieron más supervisión de los padres y vivían en familias más funcionales. Por otro lado, un estilo autoritario favorece en el niño el sentimiento de competencia y la sensación de control. También puede suceder que la estrategia que el niño utilizó en su momento para manejar un estresor, ya no sea adecuada cuando crece. El uso de estrategias de afrontamiento activo llevan al niño a sentir mayor control sobre sucesos adversos, disminuyendo su percepción de amenaza.  Cuando los niños llegan a la adolescencia, ya han adquirido un número importante de estrategias de afrontamiento frente a un abanico de posibles estresores. Las estrategias disfuncionales incluyen el aislamiento social, la evitación del compromiso o recurrir a ilusiones. 

Evidentemente, lo ideal es retirar al niño del estresor lo antes posible o hacer que dicho estresor desaparezca, pero está claro que muchas veces esto no es posible. En estos casos, se puede empatizar con la angustia del niño y proporcionarle un vocabulario emocional, de manera que pueda diferenciar las emociones y trabajar sobre ellas; evaluar la potencia y calidad del estresor para corregir fallos en la percepción de dicho estresor; discutir estrategias de afrontamiento y animar al niño a seleccionar aquellas que sean óptimas.

Para saber más:

Alvarado, G. L. (2022). Adjustment disorder in the pediatric population. Pediatric Medicine, 5, 19–19.

Gillberg, C., Harrington, R., & , H.-C. (2006). A Clinician’s Handbook of Child and Adolescent Psychiatry. Cambridge University Press. 

domingo, 11 de junio de 2023

Estimulación de neuronas que generan dopamina ayudaría a corregir trastornos cognitivos y de control del comportamiento

Vamos a comentar hoy un estudio publicado por un grupo de científicos estadounidenses que se plantea si la estimulación de la vía que va desde el mesencéfalo ventral a la corteza prefrontal podría usarse para corregir defectos genéticos que afectan a dicha corteza prefrontal. Esta vía se denomina mesocortical. La dopamina es un neurotransmisor que regula muchas funciones conductuales por una serie de vías en el cerebro que parten de las neuronas que generan dopamina en el área tegmental ventral del mesencéfalo y la sustancia negra hasta ciertas regiones corticales y subcorticales. La vía mesocortical es una de estas vías y responsable de los que denominamos síntomas negativos de algunos trastornos como la esquizofrenia, es decir, abulia, alogia, anhedonia y asocialidad. Una hipofunción de esta vía sería lo que llevarían a que se manifestasen dichos síntomas negativos, según la hipótesis dopaminérgica. Este circuito mesocortical se modifica con la experiencia. Durante la adolescencia, la exposición a ciertas experiencias o el abuso de sustancias pueden producir déficits duraderos. Estos investigadores sugieren que la intervención en esta vía en este periodo podría inducir cambios duraderos que condujeran a la recuperación de la función cognitiva perdida por causas genéticas.  




Para comprobar si esta idea es viable, los investigadores realizaron un estudio en ratones (ojalá llegue un día en que no sea necesario experimentar con animales) y demostraron que se podían revertir los déficits genéticos en la función de la corteza prefrontal a través de la estimulación de las neuronas dopaminérgicas. La mejora del comportamiento que los autores consiguieron con la estimulación de dichas neuronas dopaminérgicas aparece cuando se interviene durante la adolescencia, pero no se produce en la edad adulta, es decir, que existe un periodo ventana de tiempo en el que la intervención terapéutica en la vía mesocortical es eficaz y este periodo corresponde con la adolescencia. 


Después de estimular las neuronas dopaminérgicas en los adolescentes, se produce una mejora de la inervación dopaminérgica de la corteza prefrontal, mejorando la respuesta de esta zona a la dopamina, lo que ayuda a restaurar las funciones cognitivas. Incluso consiguieron restaurar las funciones cognitivas de dos líneas de ratones con mutaciones que producían déficits en la toma de decisiones. También los autores hacen notar que la red inhibitoria de neuronas GABA sufre una remodelación durante la adolescencia. 


Estos investigadores han abierto una vía muy prometedora de tratamiento para trastornos cognitivos y de control del comportamiento incluso en síndromes genéticos.


Para saber más:


Mastwal, S., Li, X., Stowell, R., Manion, M., Zhang, W., Kim, N.-S., Yoon, K., Song, H., Ming, G., & Wang, K. H. (2023). Adolescent Neurostimulation of Dopamine Circuit Reverses Genetic Deficits in Frontal Cortex Function. https://doi.org/10.7554/elife.87414.1