El sueño es especialmente importante en la adolescencia y sus características están relacionadas con la reestructuración del cerebro durante esta etapa, que además es muy rápida. Varias investigaciones apuntan a que el uso de pantallas antes de dormir se asocia con un tiempo de sueño total (TST) más corto, peor calidad del sueño, mayor somnolencia diurna y despertares nocturnos más frecuentes y prolongados. La National Sleep Fundation concluyó, en 2024, que el uso de pantallas perjudica la higiene del sueño de niños y adolescentes. Hoy comentamos un estudio de Zhao, Hale y Christakis publicado recientemente, en el que analizaron cómo el uso de smartphones por la noche afecta al sueño de los adolescentes. La muestra incluyó a adolescentes del estudio ABCD de los NIH (Institutos Nacionales de Salud de EEUU), usando datos pasivos del uso del móvil y medidas objetivas de sueño con Fitbit. Se registraron más de 7000 noches. Estos investigadores encontraron que el uso del móvil por la noche desplazaba la hora de dormir, fragmentaba el sueño y reducía su duración. Lo más probable es que esto sucediera por la activación cognitiva que supone conectarse a las redes sociales, la exposición a la luz del dispositivo y el refuerzo inmediato que se obtiene del uso de aplicaciones, lo que dificulta la desconexión. No obstante, se trata de un estudio observacional, es decir, que no se puede probar causalidad. Asimismo, Fitbit sólo se puede usar en Android, lo que deja fuera a todos los usuarios de iPhone. No obstante, podemos decir que el uso nocturno del móvil, especialmente, después de las 22:00 y justo antes de dormir, se asocia con una peor calidad del sueño.
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