Última actualización

jueves, 12 de octubre de 2023

Cómo influye el aislamiento social en el bullying en niños en edad escolar

Gracias a las restricciones sociales impuestas por la pandemia de COVID-19, un grupo de investigadores de la Universidad de Oxford ha estudiado cómo se ven influenciadas las experiencias de victimización y agresión por periodos de interacciones sociales restringidas en niños de entre 4 y 10 años de Reino Unido. Hemos comentado en otras entradas que las experiencias tempranas de victimización y agresión pueden tener un impacto perjudicial en la salud mental. Esto es así tanto para las víctimas como para los perpetradores. Los autores mencionan un estudio previo de más de 6000 niños canadienses en edad escolar, en el que el 66% de los estudiantes de primaria informaron que habían sido acosados antes de la pandemia, mientras que esta cifra se redujo al 48% durante ésta. Los autores del actual estudio encontraron que los niños que presentaron problemas de salud mental durante el cierre de los colegios por COVID, tenían más riesgo de sufrir victimización pero no agresión entre sus pares al regreso a éstos. Sufrir problemas con los compañeros de clase no predijo problemas de salud mental posteriores, pero entre el 16 y el 17% de los niños sí presentaron problemas con los pares y problemas de salud mental posteriores. Esto podría estar relacionado con factores como conflictos familiares, necesidades educativas especiales, bajo nivel económico, angustia de los padres o falta de amistades. Por lo tanto, los autores apuestan por aumentar el apoyo a la salud mental durante los periodos de aislamiento para prevenir problemas posteriores con los compañeros.


Para saber más:


Holst, C. G., Oncioiu, S. I., Creswell, C., & Bowes, L. (2023). What Happens to Children’s Mental Health and Peer Relationships During Periods of Restricted and Unrestricted Social Interactions? Results From the Co-SPACE Study in Primary School-Aged Children. JAACAP Open.

sábado, 7 de octubre de 2023

Niños diagnosticados con TEA a edad temprana pueden dejar de cumplir los criterios diagnósticos más adelante

 Os dejo un enlace a una noticia publicada en Psiquiatria.com en la que según especialistas del Hospital Infantil de Boston, casi el 40% de los niños que son diagnosticados de TEA a edad temprana, dejan de cumplir los criterios diagnósticos a los 6 años. Podríamos pensar que si un niño es diagnosticado a los 18 meses, la intervención temprana es la que hace que el niño deje de cumplir los criterios diagnósticos, pero parece que los investigadores no han obtenido evidencia de que esto sea así. Esto nos lleva a que se necesita un enfoque más individualizado y flexible del TEA. 

http://psiqu.com/2-71914

jueves, 5 de octubre de 2023

Los reflejos primitivos en bebés

 Durante las primeras etapas del desarrollo, los bebés presentan los llamados reflejos primitivos. Como el sistema nervioso de los bebés no está lo suficientemente maduro como para poder realizar movimientos coordinados, estos reflejos los ayudan a protegerse y a alimentarse en un primer momento, por lo que van desapareciendo progresivamente a medida que va madurando el sistema nervioso. Tanto que no estén presentes como que no desaparezcan en su momento indican la posibilidad de problemas. Su mayor presencia está entre los 0 y los 4 meses, cuando empiezan a ir desapareciendo. A los 12 meses ya casi están extintos, y si aparecen claramente, indican problemas en el sistema nervioso.


Reflejos primitivos vía campusvygon.com


En estos vídeos que enlazo a continuación, podéis ver estos reflejos. Algunos son muy conocidos, como el de succión o el de presión palmar, pero otros son curiosísimos y, a lo mejor, no los habéis visto nunca.

Reflejo de succión.




Reflejo de búsqueda.


Reflejo de Moro.


Reflejo de Galant.


Marcha Automática.


Reflejo tónico-cervical.


Reflejos de presión palmar y plantar.



Reflejo de Babinski.





jueves, 21 de septiembre de 2023

Atención temprana para bebés de 0-3 meses

 Encontrar ejercicios para bebés tan pequeños es un poco complicado, pero aquí dejo unos vídeos para estimular bebés de 0-3 meses que se pueden realizar en casa.








domingo, 17 de septiembre de 2023

Trastorno neurológico funcional en niños

Un sujeto con trastorno neurológico funcional (TNF) puede tener cualquier síntoma neurológico no encontrándose anomalías en la estructura nerviosa, pero no debe tomarse como un diagnóstico de exclusión, ya que puede ser diagnósticado por las presencia de determinadas características clínicas. Puede manifestarse con alteraciones del movimiento, del habla, convulsiones, dolor, síntomas cognitivos similares a los de la demencia, etc. El TNF era anteriormente conocido como “trastorno de conversión”, pero hay que tener en cuenta que no todas las personas con TNF tienen síntomas psiquiátricos o psicológicos. En realidad, estamos ante un trastorno de etiología muy compleja, que sería una combinación de varios factores que predisponen a padecer dicho trastorno, pero que varían de una persona a otra. Sí es cierto que los traumas y los síntomas psiquiátricos con factores predisponentes, pero también la exposición a enfermedades y factores neurobiológicos, como la interocepción o el procesamiento predictivo. Al contrario de lo que puede pensarse, tiene un gran impacto en la población de manera que es la segunda causa de consulta neurológica después de la cefalea. 

Este trastorno también tiene una presentación pediátrica, si bien es cierto que conforme aumenta la edad, el TNF se vuelve más frecuente, de manera que podría decirse que la edad formal de inicio es 16 años. La forma pediátrica de presentación más frecuente son los ataques no epilépticos o funcionales (de tipo convulsivo), seguida de la pérdida sensorial y los síntomas motores (sobre todo debilidad). También es frecuente que los niños informen de presentaciones mixtas con dolor, fatiga, náuseas, mareos, trastornos del sueño y de concentración. 





En cuanto a la etiología en niños, se han encontrado porcentajes altos de factores antecedentes estresantes en niños (62-81%). Las personas con TNF presentan una mayor activación del sistema de estrés que la población general ante un mismo factor estresante. En un estudio realizado por Rai y colaboradores (2022), los niños con TNF mostraron cambios en la conectividad neuronal en estado de reposo, concretamente en la redes de lenguaje, visual, frontoparietal, de la prominencia, de atención dorsal, cerebelosa y sensomotora. La angustia subjetiva, la excitación autónoma y la desregulación del eje hipotálamo-hipofisiario-adrenal, contribuirían a los cambios en la conectividad de estas redes neuronales.


Si hablamos de diagnóstico, la ILAE (International League Against Epilepsy) describe los signos mínimos para el diagnóstico del TNF de tipo convulsivo, que hemos indicado que es la forma más frecuente en niños: curso fluctuante, ojos cerrados y llanto ictal. Grabar el ataque mientras se produce es de gran ayuda para el diagnóstico. 


La creencia de que las personas con TNF no están realmente enfermas o que fingen sus síntomas sigue vigente actualmente, por lo que es muy importante la forma en que el profesional explica a los familiares y al niño el diagnóstico. 


El tratamiento debería realizarse a través de un equipo multidisciplinar, formado por neurólogo, psiquiatra, psicólogo, fisioterapeuta, en caso de que curse con trastornos del movimiento, y logopeda, si hay trastorno del habla o disfagia, que apliquen un plan de tratamiento a la medida del paciente, incluyendo a otros profesionales en función de los síntomas. La terapia más utilizada para tratar el TNF es la terapia cognitivo-conductual (TCC). La terapia de reentrenamiento y control (ReACT) es una intervención cognitivo-conductual a corto plazo que enseña a los pacientes, entre otras cosas, a realizar conductas incompatibles con los síntomas funcionales, similar a la terapia de reversión del hábito usada para tratar los tics. El pronóstico en los pacientes pediátricos es mejor que en los adultos. 


Para saber más:


Rai, S., Foster, S., Griffiths, K. R., Breukelaar, I. A., Kozlowska, K., & Korgaonkar, M. S. (2022). Altered resting-state neural networks in children and adolescents with functional neurological disorder. NeuroImage: Clinical, 35, 103110.


Raper, J., Currigan, V., Fothergill, S., Stone, J., & Forsyth, R. J. (2019). Long-term outcomes of functional neurological disorder in children. Archives of Disease in Childhood, 104(12), 1155-1160.


Yong, K., Chin, R. F., Shetty, J., Hogg, K., Burgess, K., Lindsay, M., ... & Pilley, E. (2023). Functional neurological disorder in children and young people: Incidence, clinical features, and prognosis. Developmental Medicine & Child Neurology.


martes, 8 de agosto de 2023

Comparación entre diversas condiciones neuropsiquiátricas y trastornos del neurodesarrollo

 Aquí dejo un cuadro comparativo que elaboré para mí, pero que creo que puede ser de utilidad. Evidentemente, no estamos hablando de absolutos, pero sí puede servir como una pequeña guía para distinguir determinadas condiciones neuropsiquiátricas y trastornos del neurodesarrollo.







miércoles, 21 de junio de 2023

El trastorno de adaptación en niños y adolescentes

 El trastorno de adaptación es una respuesta poco adaptativa a un estresor. No hay un conjunto de fenómenos clínicos que definan el trastorno de adaptación, que sí suele deberse a un estresor definido, que no es catastrófico como ocurre en el síndrome de estrés postraumático, y los síntomas se suelen desarrollar entre uno y tres meses de exposición a dicho estresor, según lo define el ICD-10. 


Como hemos dicho, las manifestaciones clínicas pueden ser muy variadas: ansiedad, ánimo deprimido, incapacidad para manejar la situación actual, aparición de desórdenes de conducta, etc. No obstante, estas condiciones sólo pueden clasificarse como trastorno de adaptación por un tiempo limitado, unos 6 meses en la mayoría de los casos, teniendo que volver a ser evaluada la situación pasado este tiempo. La existencia de esta categoría diagnóstica tan difusa parece responder a la necesidad de reconocer que los niños y adolescentes pueden reaccionar de una manera desadaptativa a la adversidad durante un periodo de tiempo limitado. También es verdad que esta categoría sirve como “cajón desastre” para incluir todos aquellos casos que no encajan en otra categoría diagnóstica. Peter Hill, del Departamento de Medicina Psicológica del Hospital Infantil Great Ormond Street de Londres, en el capítulo correspondiente a este trastorno del libro Un Manual Clínico de Psiquiatría Infantil y del Adolescente, editado por Gillberg, Harrington y Steinhausen en al año 2006 y publicado por Cambridge University Press, hace un compendio de los sistemas clasificatorios ICD-10 y DSM-IV (prácticamente no varía su descripción en el DSM-V) para definir este trastorno:


Además de las manifestaciones clínicas ya comentadas, también se han encontrado otros comportamientos como el autoaislamiento, la evitación de ciertas situaciones, falta de  comunicación, irritabilidad y trastornos del sueño y del apetito. No obstante, lo más característico es el estado deprimido o una presentación ansioso-depresiva.

Es importante analizar las estrategias de afrontamiento que los niños y adolescentes utilizan ante los estresores que se les presentan, además de factores individuales de temperamento, desarrollo cognitivo, así como el entorno familiar, apoyos sociales y disponibilidad de recursos. Los niños pueden percibir que ante una amenaza, tienen siempre disponible la posibilidad de pedir ayuda o, por el contrario, percibir falta de control ante la situación por carecer de soporte. Estos suele venir determinado por lo que les ha sucedido en experiencias previas y si han recibido apoyo o no. El estilo parental, por tanto es un factor importante. Un estilo parental que promueve la independencia y permite la expresión de los sentimiento hace que los niños tiendan más a utilizar el apoyo familiar y social para resolver una situación. Tenemos individuos resilientes, que son capaces de lograr un buen ajuste a pesar de estar sometidos a altos niveles de estrés, gracias a que recibieron más supervisión de los padres y vivían en familias más funcionales. Por otro lado, un estilo autoritario favorece en el niño el sentimiento de competencia y la sensación de control. También puede suceder que la estrategia que el niño utilizó en su momento para manejar un estresor, ya no sea adecuada cuando crece. El uso de estrategias de afrontamiento activo llevan al niño a sentir mayor control sobre sucesos adversos, disminuyendo su percepción de amenaza.  Cuando los niños llegan a la adolescencia, ya han adquirido un número importante de estrategias de afrontamiento frente a un abanico de posibles estresores. Las estrategias disfuncionales incluyen el aislamiento social, la evitación del compromiso o recurrir a ilusiones. 

Evidentemente, lo ideal es retirar al niño del estresor lo antes posible o hacer que dicho estresor desaparezca, pero está claro que muchas veces esto no es posible. En estos casos, se puede empatizar con la angustia del niño y proporcionarle un vocabulario emocional, de manera que pueda diferenciar las emociones y trabajar sobre ellas; evaluar la potencia y calidad del estresor para corregir fallos en la percepción de dicho estresor; discutir estrategias de afrontamiento y animar al niño a seleccionar aquellas que sean óptimas.

Para saber más:

Alvarado, G. L. (2022). Adjustment disorder in the pediatric population. Pediatric Medicine, 5, 19–19.

Gillberg, C., Harrington, R., & , H.-C. (2006). A Clinician’s Handbook of Child and Adolescent Psychiatry. Cambridge University Press.