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martes, 30 de marzo de 2021
Los tics como reacciones parcialmente voluntarias y el control motor
martes, 9 de febrero de 2021
La situación de pandemia y la salud mental
jueves, 21 de enero de 2021
Test específicos para autismo femenino
martes, 29 de diciembre de 2020
El pesimismo defensivo
jueves, 1 de octubre de 2020
El síndrome de Tourette y la impulsividad
Este mes de septiembre se ha publicado en la revista Molecular Psychiatry un artículo relacionado con el síndrome de Tourette y la impulsividad. El síndrome de Tourette es una trastorno que se caracteriza por la presencia de múltiples tics motores y, al menos, un tic vocal. Es un síndrome complejo y el mecanismo de aparición es desconocido. En principio, podría deberse a la desregulación de ciertos circuitos cerebrales de conexión con los ganglios basales y un incremento en la actividad de la dopamina. El cuerpo estriado, que forma parte de los ganglios basales, contiene conexiones inhibitorias que parecen fallar en este síndrome, mientras que la dopamina estaría implicada en la consolidación de los tics. A continuación, os dejo un vídeo para que veáis un poco en que consiste el síndrome y los problemas a los que se enfrentan estas personas en su día a día.
Podría pensarse que la aparición de estos tics está relacionada con la impulsividad. Según este estudio publicado en Molecular Psychiatry, los pacientes con síndrome de Tourette no medicados mostraron mayor impulsividad a la hora de responder a una prueba, dando más respuestas prematuras que los controles, siendo independiente de condiciones comórbidas como el TDAH o el TOC, pero que sí estaba relacionada con la gravedad de los tics. Esta relación entre la impulsividad ante la espera para emitir una respuesta y la gravedad de los tics, vendría determinada por la conexión de la corteza orbito-frontal derecha con el núcleo caudado. Este tipo de impulsividad se ha relacionado con una menor conectividad de la parte posterior de la circunvolución cingulada izquierda con el núcleo caudado derecho, la corteza frontal superior medial derecha, el cerebelo y de la circunvolución frontal media con el cerebelo. La corteza cingulada está relacionada con la memoria de trabajo y con la focalización de la atención. Los pacientes de este estudio que estaban en tratamiento con aripiprazol, que es un antipsicótico, no mostraron diferencias frente a los controles. El aripiprazol actúa estabilizando la actividad de la dopamina que, como ya hemos dicho, está implicada en la consolidación de los tics.
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| https://www.psicoactiva.com |
Atkinson-Clement, C., Porte, C., de Liege, A. et al. Impulsive prepotent actions and tics in Tourette disorder underpinned by a common neural network. Mol Psychiatry (2020). https://doi.org/10.1038/s41380-020-00890-5
jueves, 17 de septiembre de 2020
Anorexia y autismo (II)
Una parte importante de la población TEA parece presentar también anorexia nerviosa (AN). A su vez, existe un alto grado de prevalencia de síntomas autistas en la población con anorexia nerviosa. Por supuesto, la comorbilidad de TEA y anorexia nerviosa estaría asociada con un peor pronóstico.
Ya hemos comentado en una entrada anterior, que los trastornos alimentarios en TEA no suelen estar relacionados con el aspecto físico. Es frecuente el rechazo a ciertos alimentos, la rumiación (se regurgita el contenido parcialmente digerido del estómago y se vuelve a masticar) o la neofobia (no se admiten alimentos nuevos). De hecho, hay una prevalencia también alta en el TEA del trastorno de evitación-restricción de alimentos. Este trastorno alimentario consiste en la falta de interés por los alimentos, la evitación de ciertos alimentos por sus características, o el temor a a efectos adversos de los alimentos. No está relacionado con el que la persona sea caprichosa con la comida. Por supuesto, este trastorno también conlleva una pérdida de peso, pero los individuos no tienen alterada su imagen corporal, es decir, no se ven más gordos de los en realidad están. En los TEA, pueden aparecer con bastante frecuencia comportamientos ritualizados con los alimentos y otras veces, la no ingestión de una alimento se debe a la hipersensibilidad a texturas, olores y sabores. Como vemos, distinguir el trastorno alimentario que sufre una persona con TEA no es tarea fácil, pero lo que sí apuntan algunos profesionales es a que si existen sospechas de TEA en un niño y aparecen alteraciones alimentarias, habría que hacer pruebas para descartar el TEA.
En un estudio en el que se entrevistó a chicas con el doble diagnóstico TEA y AN, la aparición de la AN estaba relacionada no tanto con el deseo de perder peso o la imagen corporal, como con la necesidad de control, la falta de flexibilidad o tener que lidiar con las relaciones sociales. Por otro lado, las chicas TEA tienden a enmascarar su autismo, presentando altos niveles de deseabilidad social. Esto les lleva a ser hipersensibles a las demandas de imagen corporal del entorno. Por tanto, la AN puede llevar a enmascarar un TEA en mujeres.
En cuanto al tratamiento, las personas con doble diagnóstico TEA y AN tiene peor pronóstico, ya que las propias características TEA dificultan el tratamiento: problemas con la hospitalización, establecimiento de pobres relaciones terapéuticas, programas de renutrición que no tienen en cuenta la restricción de algunos alimentos por la hipersensibilidad o los patrones restringidos de la persona, etc. No obstante, existen terapias psicológicas, como la terapia de remediación cognitiva (TRC), que se han mostrado eficaces. El enlace lleva a un esquema, en el que se muestran las intervenciones que se realizan para modificar los estilos de pensamiento comunes en el TEA. Es una buena primera intervención, antes de intentar otras intervenciones más específicas de la AN.
García Marco, G. (2020). Trastorno del Espectro Autista en Anorexia Nerviosa: Invisibles frente al espejo. Revista de Psicoterapia, 31(115), 63-76.
jueves, 11 de junio de 2020
La dictadura de la empatía
Este planteamiento a mí, personalmente, me parece muy correcto. Creo que es una voz sensata clamando contra lo que yo llamo "la dictadura de la empatía". Como también dice el autor, ser buena persona está más relacionado con una compasión más distante, autocontrol, sentido de la justicia, amabilidad e inteligencia.
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Uno de los mayores defensores de la empatía es Simon Baron-Cohen, uno de los mayores referentes en la investigación sobre el autismo y autor de la Teoría del cerebro masculino, que hemos comentado en otras entradas de este blog. La falta de empatía se relaciona con la tendencia a la violencia y la psicopatía, entre otras cosas, pero las personas autistas pueden carecer de empatía (teóricamente) y se trata de personas con un código moral muy fuerte y muy propensas a ser víctimas de acoso, más que a atacar a los demás. Tener un elevado nivel de empatía no le convierte a uno en buena persona. Ser mala persona estaría más relacionado, como dice Bloom, con la falta de respeto hacia los demás y la incapacidad para controlar los impulsos.
Para más información:
http://campuspress.yale.edu/paulbloom/
http://bostonreview.net/forum/paul-bloom-against-empathy









